La convivencia se basa en el acuerdo mutuo y la gestión diaria de las tareas domésticas, los gastos y los espacios personales.
Según psicólogos y expertos en relaciones, tras la boda las desavenencias se gestionan con paciencia, humor y, a veces, terapia, porque vivir bajo el mismo techo requiere una negociación constante que el simple acto de casarse no garantiza.
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