Nació la costumbre de pasar las vacaciones en la playa.
Las carreteras secundarias se llenaron de estos coches rumbo a la costa mediterránea o cantábrica.
Conseguir uno no era fácil; había listas de espera de meses o incluso años. Poseerlo demostraba que una familia pertenecía a la nueva y emergente clase media.
Aunque estaba homologado para 4 personas, era habitual que viajaran el matrimonio, tres hijos, la abuela y hasta el perro. El NO-DO llegó a documentar el caso extremo de una familia de 19 hijos que hacía varios viajes en su 600 para trasladarse.
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