Expresar cariño, usar el sentido del humor, escuchar con interés o reaccionar con entusiasmo ante una buena noticia son gestos cotidianos que fortalecen el vínculo y hacen que el otro se sienta visto, valorado y querido.
Nuestra mente suele tener “velcro para lo malo y teflón para lo bueno”, por eso cultivar el aprecio es una decisión diaria.
Una reflexión clara y cercana sobre cómo cuidar el amor antes de que se desgaste, prestando atención a lo que sí funciona y practicando la bondad en las pequeñas interacciones de cada día.
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