El pianista y compositor Isaac Albéniz (1860-1909) fue, sin duda, un niño prodigio. Se dice que recibió sus primeras lecciones de piano de su hermana al año de edad, y a los cuatro años ofreció su primer concierto público. Le siguió una intensa carrera concertística, durante la cual el joven, vestido de mosquetero para llamar la atención, interpretaba piezas de virtuosismo al piano.
La suite para piano "Iberia" se encuentra entre las obras que consolidaron la fama internacional de Albéniz, comsta de cuatro libros, cada uno con tres piezas bajo el título «Iberia. 12 nouvelles 'impressions' en quatre cahiers».
La obra es especialmente rica en colores tonales y, cuando se interpreta con suficiente matiz, el piano puede sonar como una orquesta completa. En ocasiones, incluso se podría imaginar el sonido de guitarras pulsadas, gracias a recursos musicales destinados a capturar la vibrante atmósfera de España en forma musical.
La más exigente de las tres piezas es "Corpus Christi en Sevilla"), una representación musical muy original de una procesión del Corpus Christi. En consecuencia, la pieza comienza con una marcha cuya melodía se inspira en la canción infantil castellana "La Tarara". En contraste con la marcha, se presentan pasajes al estilo de la saeta, acompañados a la manera del flamenco con guitarra. La alternancia de estos dos mundos temáticos culmina con el regreso del tema de la marcha, transformado en el ritmo de una tarantela
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