Según los textos del historiador clásico Plutarco, un campesino local capturó una cría de cierva con un pelaje completamente blanco y se la regaló a Sertorio.
El general consiguió domesticarla pacíficamente hasta el punto de que el animal lo seguía a todas partes, caminaba libremente por los campamentos militares y arrimaba el hocico a su oreja.
La manipulación divina Sertorio, consciente de la profunda religiosidad y credulidad de las tribus indígenas ibéricas, aprovechó el color inmaculado del animal para elaborar su engaño:Afirmó públicamente que la cierva era un regalo directo de la diosa Diana e hizo creer a sus tropas que el animal poseía facultades proféticas y le susurraba secretos divinos al oído.
Esto no debería extrañarnos actualmente, en que líderes políticos tienen engañados y hipnotizados a sus fieles, incluso sin "cierva que les susurre"
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