La estructura clásica del himno incluye una invocación inicial, la reflexión sobre la hiel de los placeres terrenales, la valentía ante el sufrimiento, y la doxología final.
Oh Dios, que eres el premio,
la corona
y la suerte de todos tus soldados
Libranos de los lazos de las culpas
por este mártir a quien hoy cantamos.
El conoció la hiel que está escondida
en la miel de los goces de este suelo,
y, por no haber cedido a sus encantos,
está gozando los del cielo eterno.
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