Para él, la creatividad no consiste solo en generar ideas, sino en aprender a ver lo que ya está ahí, a dejarse sorprender por la propia historia y a entender que narrar también implica escuchar.
En esta pieza, el artista recuerda las lecciones de Beethoven y José Saramago para hablar de la reescritura, la atención y la paciencia. Reescribir no es solo corregir errores: es volver a escuchar lo que una obra necesita.
Contar, dice Emilio Aragón, no es controlar, sino mantenerse abierto a lo que aparece en el camino.
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