Sus primeras clases de música le fueron impartidas a los 3 años, al principio con el violín, luego el órgano,y posteriormente cambió al piano.
Su virtuosismo fue extraordinario, un verdadero fuera de serie. Tenía una pureza llamativa en su ejecución, con una precisión notable en cada una de las notas; no importaba la velocidad con la cual debía tocar determinada obra, las mismas siempre se distinguían con absoluta claridad.
Fue un intérprete y un hombre de enorme personalidad, a veces injustamente acusado de frialdad hacia el público debido a la poca expresividad de su cara y lenguaje corporal durante los conciertos —fruto de su convicción de que un exceso de expresividad distraería la atención de lo realmente importante, es decir de lo que estaba tocando— y a su costumbre de no conceder bises.
No hay comentarios:
Publicar un comentario