Sea cual sea el detonante, el factor común es el miedo a no poder resolver, a no abarcar la vida o a no estar a la altura.
Aunque puede ser útil para defendernos ante una amenaza, el problema aparece cuando se pone en marcha sin una amenaza real, solo ante una conjetura mental. Puede impedir dormir, pensar con claridad, actuar bien o mantener la calma.
El ataque de pánico es la máxima expresión de la ansiedad, una concentración extrema de miedo que puede hacer sentir a la persona que se está muriendo.
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