Durante casi un siglo, fue el orgullo líquido de Sevilla, la cerveza que se bebía en cada feria, en cada bar, en cada rincón del sur de España.
Pero en 2001, todo cambió. Heineken compró la marca por 510 millones de euros y el sueño sevillano se convirtió en otra línea de producción de un gigante holandés.
Este es el relato de cómo una empresa familiar dominó el mercado andaluz, sobrevivió a la Guerra Civil y la posguerra, y finalmente fue devorada por la globalización sin hacer ruido.
Una lección sobre identidad, orgullo local y las brutales reglas del capitalismo moderno.
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