Aunque Sinatra ya la cantaba en su programa de radio desde 1946, la grabación de 1956 con los espectaculares arreglos de Nelson Riddle es la que pasó a la inmortalidad.
El crescendo del trombón es considerado uno de los momentos cumbres de la era del swing.
La canción relata una obsesión amorosa inevitable, donde la razón y los consejos de la mente pierden la batalla frente al dictado del corazón:
La versión de Diana Krall es una de las interpretaciones contemporáneas más elegantes, destacando por transformar la energía vibrante y expansiva de Frank Sinatra en una experiencia íntima, nocturna y profundamente sofisticada.
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