«La Danza Macabra» del compositor francés Camille Saint-Saëns, estrenada en 1875, es un poema sinfónico corto que cuenta una historia visual a través de los instrumentos
La pieza se basa en una antigua superstición medieval: cada año, a la medianoche de la víspera de Todos los Santos (o Halloween), la Muerte aparece en los cementerios, toca su violín y hace que los esqueletos salgan de sus tumbas para bailar hasta el amanecer.
Saint-Saëns no solo escribió música; pintó con los instrumentos. El arpa toca 12 campanadas (la medianoche), el violín de la Muerte desafina a propósito para sonar tétrico, y los huesos chocan rítmicamente.
Saint-Saëns fue uno de los primeros compositores clásicos en usar el xilófono en una orquesta sinfónica. ¿Su objetivo? El sonido seco de la madera golpeada imita a la perfección el crujir de los huesos de los esqueletos bailando.
Para que la Muerte sonara realmente siniestra, el compositor dio una instrucción al solista: la cuerda más aguda del violín (el Mi) debe bajarse un semitono (a Mi bemol). Este intervalo musical (la quinta disminuida) se conoce como el "Trítono" o "El intervalo del Diablo", prohibido en la Edad Media por su tensión perturbadora.
La danza termina abruptamente cuando el oboe imita el canto del gallo al amanecer. Al escuchar la luz del día, los esqueletos regresan corriendo a sus tumbas en un silencio místico
En su estreno en París, el público la abucheó. Les pareció un horror grotesco y estridente. Hoy en día, es una de las piezas de música clásica más famosas del mundo y ha aparecido en decenas de películas, series y videojuegos.
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