El monarca estuvo detrás de uno de los capítulos más insólitos y desconocidos de los comienzos del cine español: la producción clandestina de películas para adultos.
A través del Conde de Romanones, los encargos llegaron hasta los pioneros Ricardo y Ramón de Baños, vinculados a la productora Royal Films.
Para aquellas sesiones privadas se realizaron diversas películas destinadas al propio rey y a determinados círculos de la aristocracia española.
De aquella producción sobrevivieron tres títulos extraordinarios: El confesor, El ministro y Consultorio de señoras.
Películas realizadas hace aproximadamente un siglo que permiten asomarnos hoy a una cara completamente inesperada de la sociedad española de la época.
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