Además de su genialidad creativa, es considerado uno de los padres fundadores de la etnomusicología. Junto a su compatriota Zoltán Kodály, recorrió pueblos rurales de Hungría, Rumanía y los Balcanes armados con un fonógrafo cilíndrico de cera. Su objetivo era registrar, transcribir y rescatar la música folclórica auténtica, libre de la influencia de la música de salón occidental.
Con el ascenso del nazismo en Europa, y debido a su firme postura antifascista, Bartók se vio obligado a emigrar a los Estados Unidos en 1940.
"Concierto para orquesta", compuesta en 1943 en EE. UU. por encargo de la Fundación Koussevitzky, es su obra más célebre y accesible. En lugar de destacar a un solista, trata a cada sección de la orquesta como si fuera un solista virtuoso.
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