¿Alguna vez has escuchado una canción y has sentido que los instrumentos se están hablando entre sí? Proponemos analizar un fragmento de apenas 30 segundos que es la cumbre de este arte.
Viajemos a 1721 con el Concierto de Brandeburgo n.º 3 en sol mayor (BWV 1048) de Johann Sebastian Bach, específicamente su primer movimiento.
Escucha los primeros 30 segundos de la obra. Presta atención a cómo la melodía principal no la toca un solo instrumento, sino que va "rebotando" de un lado a otro.
Bach utiliza una plantilla muy especial: 3 violines, 3 violas y 3 violonchelos (más el bajo continuo). El primer violín lanza una frase musical corta y enérgica .
Inmediatamente, el segundo violín "copia" esa misma frase, y luego el tercero.
El efecto no se queda ahí; el eco viaja hacia abajo, pasando a las tres violas y, finalmente, a los tres violonchelos.
¿Estéreo en el siglo XVIII? : Bach diseñó la música pensando en el espacio físico. Si los músicos se colocan correctamente en el escenario (violines a la izquierda, violas al centro, violonchelos a la derecha), el oyente experimenta un sonido envolvente o estereofónico, donde la melodía físicamente viaja por la habitación.
Logicamente, nos resulta imposible escuchar solo los primeros 30 segundos, sin llegar al final del Concierto.
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