VÍDEO MUSICAL DEL DÍA.

lunes, 7 de septiembre de 2026

POR QUÉ NOS SIGUE CONMOVIENDO EL SEGUNDO DE LA SEPTIMA.

Es posible que cualquier buen aficionado a la música clásica, haya entendido inmediatamente que queremos hablar de la Septima Sinfonía de Beethoven, y dentro de ella, de su segundo movimiento.

Como nos suele suceder a quienes empezamos a amar la música clásica hace algún tiempo, es posible que esta sinfonía y movimiento le produjera e hiciera "descubrirla" con una fuerte emoción en algún momento de su vida que incluso quizás recuerde. 

La Séptima Sinfonía de Beethoven es una de sus obras más vitales y rítmicamente obsesivas, y su segundo movimiento, el Allegretto, se ha convertido en uno de los fragmentos más célebres y conmovedores de toda la música sinfónica, con la curiosidad de que en el estreno el público pidió que se repitiera antes de continuar con el resto de la sinfonía y desde entonces es uno de los movimientos más programados y grabados de Beethoven, quien explota las posibilidades del cuerpo de cuerdas (violas, violonchelos, contrabajos) para crear un tapiz sonoro denso y misterioso y aunque a veces se ha usado como “marcha fúnebre”, el tempo Allegretto sugiere algo menos sombrío: una procesión melancólica pero viva, entre el lamento y la resignación esperanzada.

Proponemos a nuestros lectores que decidan escuchar este vídeo, y poco inmersos en la música clásica,  seguir estos momentos

Apertura en penumbra (cuerdas graves) El movimiento comienza con un acorde de la menor y un ostinato rítmico muy suave en violas, violonchelos y contrabajos. 

Escucha el ritmo “largo–corto–corto” que recorre casi todo el movimiento. Crecimiento y densidad Poco a poco entran más instrumentos; el mismo material se repite pero con más fuerza y color. 

 Fíjate en los contracantos que se superponen: Beethoven va añadiendo capas que convierten lo simple en algo complejo. 

Hay una sección que funciona como un rayo de esperanza: la melodía se vuelve más clara y dulce. Este contraste es clave: pasa del lamento contenido a una especie de “consuelo” temporal. 

Clímax y catarsis La música vuelve a la tensión inicial, pero ahora con mayor vehemencia: las cuerdas tocan con más intensidad y el carácter se vuelve casi angustiado. Beethoven lleva la emoción al límite sin perder la coherencia del ritmo base. 

Tras el clímax, la música se va apagando gradualmente; el ostinato persiste, pero cada vez más tenue. El final no es triunfal, sino íntimo: como si el dolor se aquietara sin resolverse del todo.

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