El estreno tuvo lugar en contra de los deseos de Wagner, quien no quería que la ópera se estrenase todavía. Su plan maestro era guardarla y presentarla exclusivamente como el prólogo de su tetralogía completa (El anillo del nibelungo) una vez que hubiese terminado las cuatro óperas.
El rey Luis II de Baviera (conocido como el "Rey Loco") que había financiado generosamente a Wagner y comprado los derechos de las obras, reclamó su derecho a verla representada, ignorando los furiosos desaires y boicots del compositor.
Wagner intentó por todos los medios sabotear la producción de Múnich. Convenció al director de orquesta original (Hans von Bülow) y a varios cantantes para que renunciaran. El rey, enfurecido, amenazó con retirar los fondos a Wagner y contratar a otros músicos si la obra no se estrenaba de inmediato.
Siete años más tarde, en 1876, Wagner lograría finalmente su sueño de inaugurar el Festival de Bayreuth representando El oro del Rin en las condiciones ideales que él mismo diseñó, dando inicio al ciclo completo por primera vez en la historia.
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