Una de las mayores peculiaridades estilísticas es la misión del violín de emular el sonido de la guitarra flamenca y clásica.
El concertino debe realizar rápidos pizzicati (a veces con la mano izquierda) y acordes arpegiados que imitan el característico "rasgueo" andaluz.
El fraseo exige el uso de giros melódicos cargados de cromatismos, trinos y mordentes que imitan la improvisación y el cante jondo o las falsetas de la guitarra.
Merece la pena disfrutar con el vídeo completo y estar atentos a su interpretación solista.
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