El pasado jueves, tal como anunciamos previamente, tuvo lugar el estreno histórico en Sevilla, del Requiem de Donizetti, compuesto en momentos de pena y zozobra por la muerte de su admirado Bellini, con quien no obstante mantenía una rivalidad profesional, como los máximos exponentes del Bel Canto, tras el retiro de Rossini para dedicarse a los fogones y la buena vida.
No pudimos estar en el concierto por cuestiones personales muy poderosas y dolorosas, puesto que en podio estaba el maestro Pierangelo Pelucchi, gran amigo personal y, quizás la máxima autoridad mundial en la figura y música del compositor.
Las críticas musicales han reflejado el gran éxito, y todo ello a pesar de que nuestra Catedral no reune precisamente las mejores condiciones acústicas requeridas para una obra de estas características.
Ante nuestra ausencia, hemos pedido a nuestro amigo, poeta y compañero en la Junta Directiva de la ASAO, José María Jurado, sus concisas impresiones tras haber asistido al Requiem, que nos ha resumido así.
La solemnidad del Réquiem sobre el increíble e iluminado marco monumental de la Catedral concedía una dimensión que, más allá de lo espiritual y lo estético, tenía una trascendencia civilizatoria.

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