La calle era más de los niños, los vecinos tenían nombre, las comidas reunían a la familia, los oficios manuales daban respeto y la gente sabía esperar sin tener una pantalla en la mano.
No se trata de decir que todo pasado fue mejor, porque no lo fue.
Pero entre lo que había que dejar atrás también se nos escaparon hábitos, vínculos y formas de vivir que sostenían mucho más de lo que parecía.
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