¿Alguna vez se te ha pegado un acento?
No es casualidad: se llama convergencia lingüística.
Tu cerebro imita acentos, el vocabulario e incluso la estructura de las frases para facilitar la comunicación y generar cercanía. Forma parte del llamado efecto camaleón: no solo imitamos la forma de hablar de los demás y hasta la entonación, el ritmo y sus gestos para comprendernos mejor, evitar malentendidos y establecer conexiones.
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