Nacido en una familia luterana, pasó gran parte de su vida profesional en Viena.
Se mantuvo fiel toda su vida al clasicismo romántico y conservador, influido por Wolfgang Amadeus Mozart, Joseph Haydn y, particularmente, por Ludwig van Beethoven y Robert Schumann.
En una conversación que Brahms mantuvo con el crítico Arthur Beel, manifestó su idea de que su proceso creativo, como el de Beethoven y Mozart eran realmente una obra de Dios, de quien proceden las ideas musicales recibiendo la inspiración de esa fuente divina.
Llega a decir, en esencia, que el “Padre que está en mí hace las obras”, retomando la frase evangélica “El Padre que está en mí es quien hace las obras” (Juan 14,10), y aplicándola al acto de componer.
Y no se puede entender bien de otra manera de donde puede proceder tanta belleza, hoy que recordamos el estreno de la Novena de Bedethoven, y de un movimiento como éste de su propia Tercera Sinfonía.
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