El 31 de octubre de 1900 se matriculó el primer coche en España, inaugurando oficialmente el registro administrativo de vehículos en el país.
Recibió la placa PM-1.
Se trataba de un cuadriciclo de la marca francesa Clément, equipado con un motor De Dion-Bouton, una potencia de 2 caballos (CV) y un peso de unos 130 kilos.
El titular era José Sureda y Fuentes, un maquinista retirado de la Armada.
El trámite se completó en la localidad de Santa Catalina, en Palma de Mallorca.
Es curioso comentar que Madrid y Barcelona no verían sus primeros coches matriculados hasta 1907, Bilbao y Valencia hasta 1902 y Sevilla hasta 1905. Las gasolineras no eran todavía los prósperos negocios de hoy y aquellos primeros pilotos debían repostar en las estaciones de ferrocarril, que almacenaban barriles enviados al efecto.
El Reglamento limitaba la velocidad a 28 km/h en carretera y a 15 km/h por la ciudad, topes que las ordenanzas municipales fueron adaptando en función de la concurrencia de las calles y el riesgo de atropellos.
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