Tras la misteriosa muerte de Hixen II, el gobernador Abul Kasim anunció que el califa seguía vivo y que se encontraba bajo su protección en Sevilla.
Poco después, un hombre presentado como el propio Hixen apareció públicamente y fue reconocido por muchas ciudades.
Pero con el paso del tiempo empezó a circular un rumor inquietante: aquel supuesto califa quizá no era quien decía ser, sino un humilde zapatero de extraordinario parecido físico con el antiguo monarca.
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