Miembro de la primera expedición de Cristóbal Colón a bordo de la Santa María, Jerez observó junto a Luis de Torres cómo los nativos taínos inhalaban el humo de hojas secas enrolladas.
Al regresar a su hogar en Ayamonte (Huelva) y expulsar humo por la boca y la nariz, sus vecinos se horrorizaron al creer que estaba poseído por el diablo. Fue denunciado ante la Santa Inquisición, que lo encarceló durante cerca de cinco años bajo cargos de brujería y herejía, argumentando que «solo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca».
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