Al finalizar el verano del año 1772, el principe Sterhacy, que debía encontrarse muy cómodo en su palacio de de verano de Esterhazá de verano, debido a la excelencia del clima, decidió prolongar allí sus período vacacional, y logicamente, todo su servicio, entre quienes se encontraban sus músicos, lejos de sus familias desde hacía varios meses, y que habían quedado en su residencia fija el Palacio Eisenstadt en Viena.
Los músicos acudieron a Joseph Haydn, como maestro de capilla y máxima autoridad musical de la corte para que presentara una protesta ante el principe
Haydn, Sabiendo que un queja directa podría enfurecer al autoritario príncipe, decidió usar el sentido del humor y la propia música como canal de comunicación. Compuso una sinfonía en cuatro movimientos que guardaba una sorpresa sin precedentes en su sección final.
Durante el último movimiento de la obra, la música se transforma de forma inesperada en un pasaje lento y a medida que la partitura avanzaba, los músicos dejaban de tocar uno por uno.
Al terminar su parte asignada, cada instrumentista soplaba la vela de su atril, recogía su instrumento y abandonaba el escenario en silencio ante la mirada del príncipe.
El escenario se fue vaciando de manera progresiva hasta que solo quedaron dos personas tocando sus violines con sordinas: el propio Haydn y el primer violinista de la corte, Luigi Tomasini.
El principe Esterhazy captó inmeditamente el mensaje y lejos de ofenderse, se sitió profundamente conmovido y al día siguiente, ordenó empaquetarlo todo y volver toda la Corte a Viena.
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