Con un modelo de negocio altamente dependiente del Estado, la empresa llegó a vestir los pies de millones de reclutas españoles, pero terminó protagonizando una espectacular caída que obligó al Consejo de Ministros a incautarla en octubre de 1976 para evitar un colapso social absoluto.
Nacida a finales del siglo XIX fabricando alpargatas para el ejército, la factoría explotó tras la Guerra Civil. Los Segarra consiguieron un monopolio de facto para el suministro del calzado militar español: las icónicas botas de tres hebillas que todo aquel que hizo el Servicio Militar Obligatorio (la "mili") llegó a calzar.
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