El relato simboliza una venganza colectiva perfecta, planeada al milímetro por los nobles locales para librarse de un gobernante tiránico sin dejar rastro de los culpables individuales.
Al cometer el asesinato en total oscuridad, ningún noble podía testificar contra otro. Legalmente no había un único culpable, lo que evitaba represalias posteriores.
Según el derecho de los godos, aquel que asesinaba al monarca vigente quedaba automáticamente excluido para sucederle en el trono. Al participar absolutamente todos los presentes en el apuñalamiento bajo la oscuridad, la acción se entendió como una ejecución de justicia común y no como un golpe de Estado individual para usurpar la corona.
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