Isaac Stern declaró en una ocasión que "Ninguna sociedad puede llamarse civilizada sin cuidar de las artes, no como un adorno ocasional, sino como una necesidad básica".
Se trasladó con su familia de origen judío a San Francisco cuando tenía un año.
En los años 60 organizó un comité ciudadano para salvar de la demolición al Carnegie Hall y sus actuaciones fructificaron en la compra de la sala de conciertos por la Ciudad de Nueva York. En 1997 en reconocimiento a su carrera artística las autoridades de Carnegie Hall bautizaron en su honor el auditorio principal de 2,804 butacas y cinco niveles con el nombre del virtuoso violinista
"El violín es la continuación de la voz", "Canta en el interior y toca lo que escuches".
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