El deseo sexual parece un impulso espontáneo, difícil de controlar.
Un pensamiento, una caricia, una voz y el cuerpo y la mente reaccionan.
Sin embargo, la excitación es mucho menos casual de lo que se cree.
Lara, una estudiante de Múnich, se somete a un proceso de acompañamiento en terapia sexual. Junto a la psicoterapeuta y sexóloga clínica Dania Schiftan, examina los procesos que configuran su excitación. De ello se desprende que, en muchas personas, el deseo está fuertemente condicionado.
Cuando ciertos patrones se repiten una y otra vez, las conexiones neuronales se consolidan, mientras que otras se debilitan.
En consecuencia, resulta más difícil que la excitación aparezca con estímulos nuevos o en situaciones inusuales.
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