Concebido por el pionero marino asturiano Fernando Villaamil, este navío revolucionó la ingeniería militar al convertirse en el primer contratorpedero de la historia.
Su innovador diseño combinaba velocidad, gran autonomía y potencia de fuego para neutralizar la amenaza de los pequeños botes torpederos, sirviendo como el molde definitivo para la creación de la clase de buques conocidos hoy globalmente como destructores.
Como curiosidad comentar que en 1892 Villaamil logró que el ministerio de Marina aprobara, dentro de las celebraciones del IV centenario del descubrimiento de América, un proyecto largamente propugnado por él: un viaje de circunnavegación a vela, como aprendizaje de los guardiamarinas de la Armada.
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