Con el tiempo, las neuronas pierden eficacia y la información nueva se fija con más dificultad, mientras que los recuerdos antiguos permanecen con mayor solidez.
Pero la memoria no depende solo del paso del tiempo, sino del impacto emocional de lo vivido.
Aquello que nos emociona deja una huella más profunda en el cerebro, independientemente de que la emoción sea positiva o negativa. Lo que no nos emociona tiende a desaparecer.
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