Era la época del afilador despertando el barrio, de las tertulias eternas en el bar, de los veranos de tres meses en el pueblo y de los cines de barrio donde todos compartían la misma película.
Era un país que despertaba económicamente, pero que aún vivía despacio, con comunidad, con rituales y con una forma de relacionarse que hoy nos resulta casi irreconocible.
En este video viajamos a esa España donde las cartas tardaban días, la comida llevaba horas, los vecinos eran familia y la televisión unía a todo el país frente a una sola pantalla.
No es nostalgia barata… es memoria colectiva.
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