Nació de la influencia del violinista húngaro Eduard Reményi, quien en 1853 invitó al joven Brahms (20 años) a una gira; allí descubrió ritmos csárdás gitanos que impregnaron esta danza.
Aunque Brahms orquestó solo las nº 1, 3 y 10, la nº 5 ganó fama por arreglos posteriores (como el de Dvořák), popularizada en cine y animación.
Es la más interpretada de las 21, evocando pasión gitana; Brahms la tocaba "a la manera húngara" con improvisación, y hoy es emblema de su amor por el folclore europeo.
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