Joaquín Fernández Yarragaray asumió el desafío de reconstruir el crucero y fortalecer los pilares, utilizando una técnica innovadora llamada 'jeringar'.
Este proceso pionero, que consistía en inyectar cemento Porlan en los pilares, fue controversial y enfrentó la oposición de la Academia de San Fernando y del Ministerio.
Hoy en día, algunos pilares aún muestran las marcas de esta intervención, lo que plantea la pregunta sobre la efectividad de este método para preservar nuestra catedral.
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