Su legado musical abarca, cronológicamente, desde el Clasicismo hasta los inicios del Romanticismo. Es considerado uno de los compositores más importantes de la historia de la música y su legado ha influido de forma decisiva en la evolución posterior de este arte.
Su arte se expresó en numerosos géneros y aunque las sinfonías fueron la fuente principal de su popularidad internacional, su impacto resultó ser principalmente significativo en sus obras para piano y música de cámara.
El ataúd salió de su casa a hombros de ocho destacados músicos vieneses; las fuentes incluyen nombres como Johann Nepomuk Hummel, y algunos relatos mencionan también a Schubert, demasiado débil para cargar el féretro pero presente con una antorcha.
Entre 10 000 y 30 000 personas llenaron las calles para la procesión, una cifra descomunal para la época; hay testimonios que dicen que ni los emperadores austríacos tuvieron unas exequias tan multitudinarias.
Los teatros de Viena cerraron en señal de luto y artistas célebres participaron como portadores o en la ceremonia. Días después se celebró una misa conmemorativa en la que se interpretó el Réquiem de Mozart con añadidos específicos.
Y como es muy dificil seleccionar una pieza entre todas las famosas del compositor, hemos pensado recurrir en este día algo que no entra entre las habituales obras interpretadas, y nos referimos a una verdadera rareza, las 32 Variaciones sobre un tema original, sobre la que se cuenta una curiosa anecdota.
Casi al final de su vida, escuchó intepretarla a un amigo, y sin saber que era suya, la consideró como obra ridicula y sin valor, hasta el momento en que pudo ver la partitura.
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