El recorrido es la estación de penitencia obligatoria para las hermandades.
Es un momento de intensa devoción, con lágrimas entre nazarenos y espectadores al contemplar los pasos bajo la Giralda.
Genera un caudal de fe, pasión y orgullo cofrade, uniendo silencio, incienso y saetas en un clímax espiritual.
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