Por sus tierras pasaron fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, visigodos y diferentes poderes musulmanes.
Ceuta fue conquistada por Portugal. El 2 de septiembre de aquel año, Pedro de Meneses quedó al frente de la plaza como su primer gobernador. De ahí procede la fecha de la celebración actual, establecida por la Asamblea de Ceuta en 1997 e incorporada al calendario festivo en 1998.
Más adelante, en 1580, la unión de las coronas de España y Portugal bajo Felipe II vinculó Ceuta a la Monarquía Hispánica.
Su condición quedó reafirmada en los tratados posteriores y, en la España democrática, en la Constitución de 1978 y en su Estatuto de Autonomía de 1995.
Pero la españolidad de Ceuta no debe entenderse únicamente como una cuestión de mapas, tratados o fronteras. Es también una realidad humana: la de sus ciudadanos, sus familias, sus tradiciones, sus calles, sus recuerdos y su participación plena en la vida nacional.
Sin enfrentamientos de tipo político, algo tan habitual en la España reciente que alguien ha construido, es una ocasión para reconocer su trayectoria histórica, honrar a sus ciudadanos y recordar que la diversidad cultural y religiosa forma parte de la riqueza de España.
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