Fue niño de coro en la Catedral de Sevilla, se formó con su hermano Pedro Guerrero, Pedro Fernández de Castilleja y, posteriormente, con Cristóbal de Morales.
A los 18 años fue nombrado maestro de capilla de la Catedral de Jaén; después trabajó en Málaga y regresó a Sevilla, donde ocupó cargos musicales decisivos y llegó a ser maestro de capilla en 1574.
También fue sacerdote y viajero: realizó un peregrinaje a Tierra Santa, que relató en El viaje de Hierusalem, una obra autobiográfica importante para conocer su vida.
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