No podemos obviar la realidad de que tambien existieron lunares en forma de destrucción y saqueos, pero
el legado urbano de España en Norteamérica demuestra que el imperio español no se limitó a ello, sino que construyó, integró y civilizó de manera permanente, creando las bases estructurales de lo que hoy son algunas de las metrópolis más importantes del mundo antes de la existencia de los Estados Unidos. La Leyenda Negra suele omitir el esfuerzo urbanístico y legal de la Corona española. Ciudades como Santa Fe (1610), San Antonio (1718), San Francisco (1776) o Los Ángeles (1781) no nacieron como simples asentamientos provisionales sino que seguien un plan urbanístico estricto y avanzado centrado en plazas, iglesias, ayuntamientos y zonas residenciales.
España fundaba misiones, presidios y pueblos para integrar a las poblaciones locales en la estructura imperial con registros de propiedad, iglesias y tribunales donde los indígenas tenían estatus jurídico.
Todo ello, muy distinto al modelo anglosajón, que consistía en desplazar las poblaciones nativas hacia el Oeste, sin ningún tipo de integración urbana.
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