En sus inicios, la Schola se creó como una sociedad de música sacra para contrarrestar la influencia de la ópera comercial y la música superficial que dominaba los teatros parisinos.
En 1896, se transformó oficialmente en una escuela de música completa, instalándose finalmente en 1900 en un antiguo convento dominico en el Barrio Latino de París, donde aún permanece.
Se centraba en preparar a los alumnos para la ópera y el virtuosismo técnico, la Schola Cantorum implementó una revolución educativa basada en:
El redescubrimiento de la música antigua: Fueron pioneros en desenterrar y ejecutar la música de los siglos XVI y XVII, rescatando del olvido a compositores como Monteverdi, Palestrina, J.S. Bach y Rameau.
El canto gregoriano: Consideraban que el gregoriano y la polifonía renacentista eran la base pura de la que debía nutrirse la música moderna.
Por sus aulas pasaron compositores como Erik Satie ingresó en la Schola a los 40 años para estudiar contrapunto, buscando dar rigor a su genio intuitivo, Isaac Albéniz, Joaquín Turina Grandes directores y pedagogos como La célebre Nadia Boulanger, mentora de los compositores más importantes del siglo XX (como Aaron Copland o Astor Piazzolla), también formó parte de su entorno y profesorado
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