Martina Castells Ballespí hizo historia el 7 de Noviembre de 1882 al convertirse en la primera mujer en obtener el grado de doctora en Medicina en España, si bien registros históricos del Ministerio de Cultura indican que el solemne acto tuvo lugar a principios de octubre de ese año en Madrid.
Durante la defensa de su tesis en Madrid, abogó con firmeza por la emancipación intelectual y los derechos educativos y sociales de las mujeres.
La legislación educativa (como la Ley Moyano de 1857) simplemente no contemplaba que una mujer pudiera o quisiera cursar estudios superiores, por lo que no existían protocolos para gestionar sus matrículas ni sus títulos.
Para sortear este vacío y examinarse de la carrera, las pioneras tuvieron que enfrentarse a tres grandes barreras regulatorias.
En 1872, María Elena Maseras tuvo que solicitar una autorización especial al rey Amadeo I para poder matricularse en Medicina. Aunque se le concedió, inicialmente se les prohibió asistir de forma presencial a las aulas, obligándolas a estudiar bajo la modalidad de «enseñanza libre» (estudio en el hogar y examen en la facultad).
Cuando años después se les permitió pisar la universidad, debían sentarse en una tarima separada junto al profesor.
Finalizar las asignaturas no garantizaba poder ejercer. Cuando Elena Maseras terminó sus estudios en 1878, el Ministerio de Fomento retuvo su expediente legal durante más de tres años antes de autorizar su examen de licenciatura.
Este retraso sistemático buscaba desincentivar a las mujeres. De hecho, Maseras terminó tan desmoralizada por las trabas burocráticas que abandonó el doctorado para dedicarse a la enseñanza.
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