Verdi venía de un fracaso con su ópera Un Giorno di Reigno y totalmente hundo además con la muerte de su esposa y sus hijos, de forma que había jurado no componer ninguna ópera más en su vida, haciendo frente a las presiones de empresarios como Mirelli que lo consideró como "un niño mimado" ante su rechazo a componer.
Mirelli, que también era libretista, lo visitó en su casa en una noche nevosa del 1841, recibiendo una vez más el rechazo del compositor de forma que al salir tiró sobre la mesa, de forma despectiva el libreto de una ópera llamada Nabucodonosor.
El libreto se abrió por una página donde Verdi leyó “Va, pensiero, sull’ali dorate”y eso fue como un signo que le abrió repentinamente la inspiración, de forma que fue leyendolo una hoja hoy, otra mañana, de forma que la tuvo terminada en el Otoño de ese mismo año.
El estreno de Nabucco tuvo lugar el 9 de marzo de 1842 en La Scala de Milán y fue un éxito inmediato que lanzó a Verdi a la fama operística.
La ópera habla del exilio y la añoranza de la patria a través del pueblo hebreo en Babilonia, pero el público italiano del siglo XIX leyó esa situación en paralelo a su propia fragmentación política, y bajo dominio Austriaco.
El estreno marcó un punto de inflexión: de ser un joven casi desconocido, Verdi pasó a ser visto como una voz musical de enorme fuerza dramática, y Nabucco quedó como uno de los pilares de la identidad italiana
Bartolomeo Mirelli Murió en 1879; su apuesta por Verdi marcó la historia de la ópera italiana.



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