Carl Maria von Weber escribió la ópera Oryanthe en el año 1823, que se convirtió de forma inmediata en un gran fracaso, y para lo que confluyeron distintos aspectos.
Libreto confuso y poco verosímil: la trama de Helmina von Chézy fue muy criticada ya en su época por sus incoherencias dramáticas y situaciones poco plausibles
Dramaturgia sin elementos “populares”: Weber renuncia al Singspiel con diálogos hablados y números claramente separados, optando por una ópera alemana seria, continua y muy declamada, que el público de 1823 encontró ardua y poco “entretenida”.
Excesiva duración y densidad: la ópera completa supera las cuatro horas, lo que unido a la densidad sinfónica y a la falta de alivios cómicos contribuyó a la frialdad del público y a las burlas iniciales.
A pesar de tener una presencia escénica muy limitada y con pocos costes, los teatros siguen mostrándose reticentes a montarla, citando las “desgracias” del libreto como principal freno a incorporarla de forma estable al repertorio.
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