La toma de esta próspera urbe de la Corona de Castilla privó al reino nazarí de su principal puerto comercial y marítimo, cortando de raíz cualquier posibilidad de recibir ayuda o suministros desde el norte de África.
Desbordados por el hambre, la falta de pólvora y el aislamiento, los defensores de la Alcazaba y el castillo de Gibralfaro capitularon el 18 de agosto de 1487. Los Reyes Católicos hicieron su entrada triunfal al día siguiente, el 19 de agosto.A diferencia de otras ciudades que se rindieron pacíficamente, el castigo para Málaga fue ejemplar debido a su tenaz resistencia.
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