Se trata de una de las figuras más carismáticas e innovadoras de la historia del jazz y su músico más popular. Gracias a sus habilidades musicales y a su brillante personalidad, transformó el jazz desde su condición inicial de música de baile en una forma de arte popular.
Aunque en el arranque de su carrera cimentó su fama como cornetista y trompetista, más adelante, su condición de vocalista le consagraría como una figura internacional de enorme influencia para el canto jazzístico
Con el paso de las décadas, la enorme presión física que exigía tocar la trompeta comenzó a dañar sus labios y su salud. En las últimas etapas de su vida, Armstrong comenzó a apoyarse cada vez más en su canto y menos en los solos complejos de trompeta. Fue en este periodo tardío cuando regaló al mundo sus interpretaciones vocales más legendarias, como "What a Wonderful World" o "Hello, Dolly!".
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