Se compraba donde te conocían, donde muchas veces fiaban, donde una conversación podía durar más que la propia compra. Por eso, cuando estas tiendas empezaron a desaparecer, no solo cerraron negocios pequeños. También se fue apagando una forma muy concreta de convivir.
Detrás de ese cambio hubo mucho más que competencia o modernidad.
Cambiaron los hábitos, cambió el ritmo de vida y cambió la relación entre vecinos.
Poco a poco, lo cercano fue cediendo terreno a lo práctico, y lo práctico terminó borrando escenas que durante años parecieron eternas.
Quien haya crecido viendo persianas medio subidas, mostradores de madera y libretas con cuentas pendientes, sabe que aquí no se habla solo de comercio.
Se habla de memoria, de costumbres y de una España que se fue yendo casi sin despedirse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario