Si hicieramos un ranking entre los instrumentos de una Orquesta más populares para el público, pensamos que estarían primero las cuerdas, y más concretamente con los violines y los chelos.
Detras, vendrían los vientos con la magica Flauta, la trompeta, brillanente y heróica y la dulzura del Oboe. Y también pensaríamos en el clarinete al que los compositores han dedicado magníficos solos.
Todo esto pensamos esta mañana en que esuchabamos la quinta Sinfonía de Beethoven, con ese segundo movimiento en el que la trompa sueña de forma absolutamente bucólica y mágica, y hemos pensado que merece la pena llamar la atención de nuestros lectores sobre ese instrumento, que nace con el sonido primitivo con cuernos de animales, como llamada para la caza, para ir evolucionando a través de los siglos y que pasando por el Barroco, llega al Siglo XIX con la trompa doble que realmente combina dos trompas en Fa/Si en un solo instrumento y que actualmente es el estandar tradicional en la Orquesta.
Y dicho esto, proponemos escuchar ese pasaje de Tchaikovski al que nos referíamos, junto a la virtuosa de ese instrumento, Sarah Willis.
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