Se estrenó en el Teatro alla Scala de Milán el 11 de febrero de 1843.
Verdi dedicó la partitura a María Luisa, la duquesa habsburgo de Parma, quien había muerto unas pocas semanas después del estreno.
Igual que “Nabucco” con los hebreos, aquí los lombardos cruzados funcionan como trasunto del pueblo milanés que sueña con liberarse del dominio austríaco. El célebre coro “O Signore, dal tetto natio” y el “Gerusalem, Gerusalem” fueron leídos por el público como auténticos himnos patrióticos, algo que preocupó a la censura austríaca.
La ópera conoció problemas de censura y adaptaciones tanto en territorios habsbúrgicos como borbónicos precisamente por ese subtexto risorgimentale.
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