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martes, 10 de febrero de 2026

TRISTAN E ISOLDA

El preludio de Tristán e Isolda, por sí solo, hizo historia en la música. Comienza con el legendario «acorde de Tristán», tan armónicamente ambiguo que, con él, Wagner rompió de golpe con toda teoría convencional de la armonía. El acorde crea un suspenso ominoso que clama por una resolución armoniosa, pero cada intento de resolverlo solo agrava aún más la tensión inicial. Esto crea un limbo musical perpetuo. 
El motivo inicial del acorde de Tristán se entrelaza a lo largo del preludio de la ópera, lo que la ha caracterizado como "deseo hecho música". 
El deseo es, sin duda, el tema central de Tristán e Isolda: es la esencia de la historia de amor entre ambos. En la vida terrenal, este amor no solo queda insatisfecho, sino que termina trágicamente. 
Sin embargo, a nivel metafísico, el amor se celebra como pocas veces antes: mientras Isolda sostiene al difunto Tristán en sus brazos, canta una de las canciones de amor más sensuales jamás escritas. 
Su "Liebestod" (literalmente "amor-muerte") es una purificación de todo lo terrenal; una glorificación de la unión extática con el amado. Waltraud Meier, una de las intérpretes wagnerianas más eminentes del mundo, rebosa de fervor y devoción al cantar la pieza. 
Los miembros del coro, de pie detrás de ella, observan a la magnífica mezzosoprano con la respiración contenida.
No se pudo encontrar una interpretación vocal más conmovedora. Tanto si eres amante de Wagner como si no: ¡disfruta de estos dos hitos de la historia de la música!

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